Estoy muy agradecida a mi partido, la UCR, y al Frente Jujuy Crece en Provincias Unidas, por haberme propuesto como candidata a diputada nacional en primer término. Me han abierto generosamente una nueva oportunidad para continuar trabajando en causas en las que creo y que tienen que ver con la historia de la democracia en Argentina, su contenido social de justicia e igualdad, pero también con la búsqueda de respuesta a las expectativas de generaciones nuevas y dinámicas emergentes que estamos obligados a comprender y gestionar.
Enfrentamos un contexto socio económico complejo, también un cambio de la cultura política, que ha vuelto a institucionalizar la violencia verbal, simbólica, gestual, discursiva, como método. Creo que estamos llamados a reencausar el diálogo democrático, para que las diferencias puedan expresarse, conectarse, modificarse, reconstruirse, en un ejercicio democrático de valorización de la pluralidad y construcción de consensos.
Los argentinos sabemos de que se trata la violencia y a donde nos lleva, la sufrimos por izquierda y por derecha. Tuvimos grietas y abismos y nos hemos adaptado a vivir en un estado de enfrentamientos continuos, a los gritos, con insultos, injuriando, calumniando, agraviando a quienes piensan distinto, peléandonos, estigmatizándonos. Lo más grave, tal vez, es que se ha legitimado desde el poder político del gobierno nacional este cambio cultural. Deseo profundamente que esta campaña electoral que se avecina sea la oportunidad del diálogo -y no de gritos sordos- donde le podamos decir a la ciudadanía que estamos ofreciéndole como valores y compromisos a cumplir en el Congreso de la Nación.
Mi compromiso y el del proyecto político del que soy parte, en el Congreso de la Nación, es trabajar para sancionar leyes que permitan que la democracia salde las deudas pendientes, con todos aquellos a los que aún les debemos respuestas desde el Estado, no me refieron sólo a los sectores más desaventajados históricamente, sino también a las clases medias que se cayeron por el precipicio, a los sectores de la producción, a los emprendedores que requieren seguridad jurídica y también a las nuevas generaciones que esperan de nosotros una interpretación de los cambios que se han producido en el mundo y respuestas a los nuevos desafíos.
Pero también, mi compromiso es con un país federal, con las provincias que preexistieron y dieron origen a la Nación argentina y a las que se les debe respete y trato digno y equitativo.
Mi compromiso es con la educación pública, la salud pública, la ciencia, la progresividad en materia de derechos y de responsabilidades ciudadanas. Y, por supuesto, con el ambiente para que podamos garantizar condiciones de vida a las generaciones futuras y para eso hay enfrentar decididamente las crisis ambientales en desarrollo.
Mi compromiso es con una gestión de la hacienda pública que no pierda de vista a la gente. No podemos aceptar que el equilibrio fiscal sea el único norte que le de sentido a un proyecto de Nación. O en todo caso, no puede ser este equilibrio fiscal que sacrifica servicios fundamentales para los argentinos y pone en jaque el bienestar colectivo.
Que haya o no presupuesto es una decisión política y lo es también la manera como se distribuyen los recursos y es política la decisión de que recursos se recortan y qué Estado y país queremos y es política la decisión de cómo construimos la economía de un país.
Siempre creí que las causas que me convocaron durante mi vida se trataban de causas para mejorar un futuro que no iba a poder ver. Que eran causas que demandaban una solidaridad intergeneracional con aquellas personas que iban a sucedernos en el tiempo y que no iba a poder conocer. Me equivoqué. Pensé que no iba a asistir a un país y una provincia con paridad de género, me equivoqué. Hoy puedo ser candidata a diputada nacional porque hubo un cambio cultural con dispositivos normativos que aceleraron la igualdad de oportunidades y dirigentes varones a la par que valoran la diversidad, es decir que soy beneficiaria de aquellas causas que sostuve y milité. Estoy muy agradecida también por eso.
Estoy agradecida con mucha gente que me ayudó a transitar en la política y en la gestión pública un camino de aprendizajes, y a quienes me dieron oportunidades y creyeron en mí. Y a quienes vuelven a creer en mí.
Miro para atrás y veo caminos sinuosos, desvíos y carreteras enormes, como el proceso de todos, con vaivenes, sinsabores, tristezas, alegrías, cosas que salieron mal y otras que salieron bien, todo eso ya es un triunfo, porque aquí estoy parada, como quiero estar.
Como aprendí de un líder deportivo, el triunfo es el proceso. Los resultados son oportunidades para seguir aprendiendo. Sigo en ese proceso, aprendiendo para ser una mejor dirigente, una mejor servidora pública y una mejor persona.
Gracias a tod@s los que estuvieron y están en el camino. A toda mi familia. Y gracias a mi padre y a mi madre que estarían orgullosos de esta hija rebelde y empecinada. Gracias a ellos que fueron ejemplo para mí. Mi padre sólo pudo estudiar hasta cuarto grado y tuvo que trabajar desde niño lustrando zapatos en la puerta de la Escuela Belgrano, mientras mi abuela limpiaba los pisos de esa institución. Mi papá, como empecinado que era, terminó siendo Gerente del Banco de la Provincia de Jujuy, un hombre construido a puro trabajo y decisión. Mi madre fue maestra, amorosa, abnegada, generosa de una bondad infinita. Cuanto hubiera querido que pudieran ver a su hija, en este proceso en el que ando. Soy también el resultado de sus esfuerzos y de su amor.
Hoy es un día para agradecer, agradecer y agradecer.